domingo 18 de septiembre de 2011

Así le contó al renacido mientras se perdía con esa, su voz


Mi madre me parió cantando bulerías,
Con una rosa violeta adornando sus cabellos, cerca al mar de los hombres libres,
Entre músicos, santeros y místicos… que rezaban versos cojudisimos a la luna con una citara en las orillas de la noche. Mi padre bebía una canción.
Ese domingo nadie resucito, solo chascaron los dedos los pobres y tuvieron más suerte,
A medianoche me arrojaron entre el júbilo y el llanto, sellando así nuestra devoción. La muerte celebro entre brindes y algarabía, prometió volver para buscarme,
Ellos desprendieron un poco de su luz para que buscara mi propia voz en cualquier lugar, así sea de noche, así sea de día.
Venus era la puta más hermosa, ese a día, cantó desnuda para abrigar nuestro dolor.
Mi padre se perdía de alegría, mi madre acuno mis sueños con su creyente voz,
La cálida madre naturaleza me canto una canción y bailo hasta acercarse a mi cuna para susurrarme al oído en un lenguaje dulce y místico: ‘por favor, no me orine en todas las rosas felices’ y yo me puse a llorar. El inquieto Dionisio la interrumpió con un gesto obsceno hasta incendiar las criaturas de su pasión natural.
Un anciano santero dio un discurso y luego se acerco al botín de mi cuna y me murmuro con su voz cavernosa: ‘’Tu hija se llamara Collette. Será sabia y rebelde. Morirá joven pero le dará al mundo una gran lección’’.
Luego todos me cargaron hasta naufragar ebrios por la brisa y sus zozobras.
Un sucio y libre místico, me robo de mis padres. El no me enseño muchas cosas, me protegía como podía, me alimentaba como podía, me quería como podía, me daba de beber como podía, era errante y se caía, era solitario y se dormía, perdía el tiempo como podía. Conocía lo que tenía que conocer, hablaba lo que tenía que hablar, oraba cuando tenía que agradecer. No tenía tierras, era silencioso, no tenía nombres, era loco, amigable, insurrecto. Pero cuando tocaba la guitarra algo en los hombres cambiaba. No eran los mismos, se distraían entre ellos, agradecían sin alguna aparente razón. Luego hacían grandes silencios y se retiraban a sus pueblos errantes y felices.
Dicen que cuando nací, el día no podía sostener a toda la lluvia, las estrellas, los ríos, los puentes. Las mareas saltaban, decía un pescador imperturbable ese domingo 22 de julio en la madrugada. Así me lo conto el sucio místico de pelo largo. El casi nunca hablaba. El se fue mientras sentenciaba. Y se fue sin despedirse porque quizá ya era el momento de dejarme andar por cuenta propia. 'Solo haz que ocurra', murmuraba. Y se marcho porque el destino nunca jugó con él. Ya viene tu barco alcanzo a decir, mientras su voz se perdía. Ya viene tu barco…


"La sabiduría, después de todo, no es otra cosa que la experiencia".
Marun Abbud (1886-1962); crítico, literato y filósofo libanés.


Nota demente: la frase ‘Mi madre me parió cantando bulerías’ le pertenece a José Monge Cruz el ser mitológico ("Camarón de la Isla") la leyenda.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen blog es Jorgeampuero777